Acerca del asesinato del camarógrafo José Couso en Bagdad y el “Síndrome Tóxico”

de Abril de 2003. El camarógrafo español de Tele 5 José Couso fue asesinado en Bagdad cuando un tanque estadounidense disparó un proyectil contra el Hotel Palestina, donde se alojaba la prensa internacional durante la guerra de Irak. 

El proyectil impactó contra la planta 15 del hotel, un edificio que el Pentágono tenía registrado y cuyas coordenadas habían sido facilitadas previamente por las cadenas de televisión para evitar ataques. El ejército estadounidense alegó que sus tropas actuaron en defensa propia tras recibir fuego desde el interior o las inmediaciones del hotel. Sin embargo, testigos, periodistas presentes y organizaciones de derechos humanos denunciaron el ataque como un acto injustificado. 

Jon Sistiaga, conocido reportero español y curtido en mil batallas, vivió en primer persona, sosteniéndolo entre sus brazos, la agonía y posterior actuación para intentar salvar la vida de su compañero. También ha sido el principal impulsor de las actuaciones judiciales que se siguieron desde entonces. 

Pues bien: existen indicios y fuentes que me permiten sostener que la muerte de José Couso fue un ataque premeditado contra el hotel, pero su asesinato fue un error. Los norteamericanos erraron el disparo, siendo en realidad el objetivo otra persona, también camarógrafo de una cadena de la competencia, que se encontraba en una de las habitaciones de al lado.

La deflagración se produjo en una habitación equivocada. Y la identidad del objetivo real, según mi hipótesis -que es la que explica mejor que ninguna el hecho de que un camarógrafo inofensivo como José Couso fuera asesinado en una acción deliberada- es la que conecta esta trama el deseo de eliminar a un testigo que tenía información de primera mano acerca de la participación de los EEUU en el Síndrome Tóxico, asunto que -después de incontables esfuerzos- el "sistema" había logrado enterrar en el olvido. 

Y es que, a pesar del protagonismo de Jon Sistiaga en el momento de los hechos, y también después, él no fue el único . profesional que vivió estos condenables hechos en primera persona.

No puedo dar, teniendo en cuenta la seguridad de este camarógrafo, más datos que los siguientes: sus iniciales son F.M y en el momento de producirse los hechos trabajaba para una cadena de televisión nacional rival de la de Couso. F.M y yo nos conocíamos desde la adolescencia y, en aquella época -y también posteriormente-, manteníamos diferentes contactos a nivel personal y profesional. En torno al año 2000, en uno de aquellos encuentros, que tuvo lugar en su domicilio, le comenté en profundidad el asunto del Síndrome Tóxico y la intervención norteamericana en la génesis, desarrollo y posterior seguimiento del envenenamiento criminal. El diario El Mundo ya había publicado la página, pero el reportaje completo era conocido por pocos, así que se lo entregué y me indicó que lo movería en la redacción para ver si podía interesar.

Poco tiempo después, volvimos hablar. Me dijo que sus jefes habían descartado por completo dar difusión al reportaje, habida cuenta de lo escandaloso que podría resultar. Entonces, F. M y yo “tocamos” la posibilidad de realizar nosotros un documental sobre este sórdido asunto. La idea quedó ahí y, ciertamente, no la volvimos a tocar.

En este contexto, tres años después, cuando Couso fue asesinado por los norteamericanos en Bagdad, me encontré un día con F. M. Me relató cómo él -según sus propias palabras- estaba «en la habitación de al lado». Me relató como fue todo el episodio del bombazo, la asistencia que él también le prestó a su compañero José Couso, además de otros detalles. Yo le expresé mi convencimiento de que el objetivo era él; su respuesta, lejos de considerar mis sospechas como algo descabellado fue: «Sí, yo también lo he pensado».